La secuencia tuvo lugar casi en la madrugada del viernes al sábado en el Excel Arena, el gigantesco complejo que alberga el judo, halterofilia, esgrima, lucha y taekwondo. El príncipe Felipe y la princesa Letizia, junto a la reina, presenciaban el combate de Nico García quién competía por el oro en taekwondo.
Al final fue plata, pero la familia real quiso acercarse a felicitarle. Un séquito de 20 personas llegó a la zona mixta, donde los periodistas esperaban a Nico, y por donde los príncipes y la reina quisieron acceder. Allí se toparon con un voluntario abnegado (foto) que se plantó delante decidido a impedirles entrar. Tras unos minutos de confusión, el hombre no dio su brazo a torcer. “¿Qué es el futuro rey de España? Pues no lo sabía, pero no llevan la acreditación necesaria para esta zona, no puedo dejarles pasar”. Y se lo dijo literalmente a la cara al príncipe de Asturias, que se tuvo que dar la vuelta.
Total, que la situación pasó de cómica a surrealista. Felipe, Letizia y la reina Sofía tras el telón durante cinco minutos esperando que Nico llegara, y no llegaba. Letizia no paraba de hacerse fotos con aficionados y deportistas, y el príncipe miraba al horizonte, sin saber muy bien qué hacer y preguntándose cuánto duraría aquello. Por allí también andaba el presidente del COE, Alejandro Blanco, y el embajador español en el Reino Unido, Federico Trillo. Blanco, que por algo es judoca, digamos que pasó por la fuerza.
Y por fin, un rato después, llegó Nico. Y de nuevo otra voluntaria puso pegas para dejar pasar a la familia real. Cada vez que la voluntario se acercaba para negarles el paso, un miembro de la escolta real se acercaba a ella, por si acaso. La cosa al final no pasó a mayores, pero la escena ha sido inolvidable. Ah, y al final pudieron felicitarle por su enorme combate.
Anda el patio diplomático algo revuelto tras el incidente de ayer en la zona mixta de taekwondo, donde la reina Sofía y los príncipes de Asturias fueron expulsados por no llevar la acreditación pertinente para estar en esa zona. A los periodistas que estamos cubriendo la información de los Juegos Olímpicos de Londres, la verdad, es que nos ha sorprendido bien poco.
Los dos voluntarios que hicieron la vida imposible a la familia real solo cumplían normas, eso es cierto, y a rajatabla. La zona mixta es una parcela con varios jardines bien diferenciados: por un lado los medios de comunicación con derechos, televisiones y radios; por otro, aquellos sin derechos. En esta parte solo podemos hablar con los deportistas: si sacamos una cámara o hacemos intención de grabar, el voluntario de turno ya está abroncándote. No tienes derechos y no puedes grabar ni un solo vídeo, por más que simplemente lo quieras como recuerdo. A la segunda que te pillan, te toman los datos. A la tercera…fuera acreditación.
La familia real tenía acreditación, claro, pero no la necesaria para estar allí, y por eso tuvieron que irse. El voluntario, que no sabía quiénes eran, se excedió un poco en sus formas y rigidez pero el problema no fue suyo: alguien de protocolo de la Casa Real y alguien de la organización de los Juegos deberían haber solucionado el problema mucho antes. Se sabía que Nico García estaría en la final de la competición desde las siete de la tarde. Una simple llamada y asunto resuelto.
La situación fue graciosa. Allí iban llegando compañeros para hablar con Nico y de repente, casi chocaban de cara con la princesa Letizia, la reina Sofía y el príncipe Felipe, esperando como todos nosotros, el resto de mortales. Por cierto, el Príncipe está hoy en el piragüismo. Veremos qué pasa.


