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Gallardón admite que no ha retirado ni un sólo símbolo franquista

Gallardón justifica la pervivencia de vestigios de la dictadura por causas económicas o de protección al patrimonio, a pesar de la que Ley de Memoria Histórica impone su retirada.

Fernández Díaz asegura que los homenajes a la División Azul son constantes desde 2003, y el ex delegado del Gobierno en Cataluña desmiente sus palabras.

El ministro de Justicia, Alberto Ruíz-Gallardón, ha reconocido durante el Pleno en el Congreso de los Diputados este miércoles que el Gobierno no ha retirado ni un sólo símbolo de la dictadura franquista desde su llegada al poder en el año 2011, a pesar de que la Ley de Memoria Histórica, aprobada en 2007, insta "a las Administraciones Públicas a tomar las medidas oportunas para la retirada de objetos o menciones conmemorativas de exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura" en su artículo 15.

Alberto Ruíz-Gallardón
En respuesta a las preguntas del diputado del grupo de Izquierda Plural, RIcardo Sixto, Gallardón ha justificado la pervivencia de determinados vestigios por motivos económicos o de protección del patrimonio, y ha asegurado que en ningún caso subyace una motivación política: "No tenga usted ninguna duda de que no hay absolutamente ninguna voluntad por parte del Gobierno de mantener ningún vestigio. No hay ningún tipo de intención política", ha asegurado.

Por su parte, Sixto ha insistido, tras rechazar este martes el Congreso la declaración del 18 de julio como día oficial de condena a la dictadura franquista, en que la cámara debe tener en cuenta lo ocurrido en el pasado para opder tomar decisiones de futuro. 

"El Gobierno cumple su obligación y la Ley de Memoria Histórica", ha replicado Gallardón, que ha insistido en las causas esgrimidos en su primera intervención para no retirar monumentos o placas relacionados con la dictadura: el "alto desembolso económico" que conlleva en algunos casos, que ha prometido abordar "en el momento que sea oportuno", y el "procedimiento administrativo de larga duración" que debe seguirse en otros casos.

Homenajes a la División Azul
Por su parte, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha asegurado que desde el año 2003 se vienen produciendo "de forma ininterrumpida" homenajes a la Hermandad nacional de la División Azul, como el que el pasado 11 de mayo presidió la delegada del Gobierno en Cataluña, María de los Llanos de Luna. Fernández Díaz ha respondido así al parlamentario de CiU, Jordi Xuclá, que había pedido una disculpa del Ejecutivo y el cese inmediato de Llanos de Luna por este hecho.

Fernández Díaz ha añadido que la Hermandad que agrupa a los excombatientes que ayudaron a Hitler durante la segunda Guerra Mundial se mueve en "un ambiente de reconciliación histórica" y que "está legal y debidamente inscrita en los organismos estatales o autonómicos correspondientes, y que se fundamenta en un contexto histórico, en absoluto ideológico". El titular de Interior ha sostenido que las palabras de Xuclá sólo pueden deberse al desconocimiento sobre la materia o, directamente, a la ignorancia. "Algunos abogan por la reconciliación, y otros por la división y la discordia", ha concluido.

Pocas horas después de las declaraciones de Fernández Díaz, el diputado del PSC y ex delegado del Gobierno en Cataluña durante la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, Joan Rangel, ha asegurado que mientras ocupó el cargo no se realizó ningún homenaje a la Hermandad nacional de la División Azul en Cataluña.

Rangel ha calificado de "lamentable y capciosa" la actitud del ministro a través de un comunicado, y ha acusado a Fernández Díaz de dar "la respuesta del calamar", que trata de crear confusión para no asumir responsabilidades. Además, el miembro del PSC ha recordado que durante su mandato impuso un homenaje a los gobernadores civiles de la época republicana, a quienes ha considerado olvidados hasta ese momento.



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Los obispos acusan al PSOE de tener “poca tradición democrática”

El portavoz de la Conferencia Episcopal critica que es "totalitario" oponerse a las clases de religión

El portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, ha calificado hoy de "totalitarios bajo apariencia de tolerancia" los planteamientos de los partidos, como el PSOE, que se oponen a la clase de religión, que ha calificado de "servicio democrático".

En una entrevista en la cadena Cope, Martínez Camino se refería así al rechazo de algunos grupos a que la asignatura de religión vuelva a computar en las notas medias para obtener becas."Son malas épocas y partidos con poca trayectoria democrática que se han creído con la capacidad de decidir qué tienen que pensar los ciudadanos y decir qué se enseña en la escuela porque es universal y común para todos qué se queda en la casa y en la parroquia porque es particular y privado", ha declarado.

A su juicio, considerar que la religión es algo que "no tiene que tener presencia en la plaza pública" supone "relegarla injustamente" y "cercenar" los derechos de los ciudadanos católicos y de las instituciones católicas y de la Iglesia.

Este hecho implica, según Martínez Camino, que los dirigentes políticos que se oponen "no tienen una percepción adecuada de lo que es la realidad social", porque, según ha asegurado, el 72% de los padres que llevan a sus hijos al colegio, quieren que estudien religión. Camino ha defendido que los acuerdos entre la Iglesia y el Estado en el asunto de la religión en la escuela son un derecho constitucional: "Cuando [el PSOE] dice que va a revisar estos acuerdos no quiere decir que va a quitar el derecho a los españoles quiero entender que se haría de otra manera (...) Lo otro sería retrotraernos, retrocedernos a momentos, a épocas en las que el Estado ha aptropellado el derecho fundamental de la libertad de enseñanza y de libertad religiosa", ha dicho en la entrevista refiriéndose a "una deriva ya conocida históricamente en los momentos totalitarios de Europa".


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Disolución de la II República en el exilio

En 1971, México y Yugoslavia eran los dos únicos países que seguían siendo fieles a la República Española en el exilio, y ambos reconocían a su gobierno como el único legítimo de España. El presidente de México, Luis Echevarria, a su paso por París en la primavera de 1973, corroboró ante la delegación republicana, presidida por Maldonado y Valera, la decisión inquebrantable del pueblo y el gobierno mexicano de mantener su reconocimiento al gobierno republicano español.

Con la muerte de Franco y el proceso de reforma política llevada a cabo por el presidente Suárez, la situación de la República en el exilio se vio afectada por una serie de presiones derivadas del cambio político español. A primeros de marzo de 1977, el embajador de la República Socialista Federativa de Yugoslavia comunicaba al Gobierno de la República Española la decisión de su Gobierno de dar término a las relaciones diplomáticas que venía manteniendo con el de la República Española, a fin de reconocer al Gobierno de Madrid, como así lo hizo a los pocos días.

Escasas semanas más tarde el presidente Maldonado, acompañado del jefe del Gobierno, Fernando Valera, se trasladaba a la ciudad de México para anunciar que el Gobierno de la República y el de México -su aliado más fiel durante treinta y ocho años transcurridos desde que perdieron la Guerra Civil con Franco- habían convenido "cancelar" sus relaciones diplomáticas con el Gobierno de Madrid -el 28 de marzo-, aumentando, de paso, el prestigio del presidente mexicano José López Portillo.

De esta forma, los dos últimos países que habían seguido reconociendo la legitimidad de la República Española en el exilio, se rindieron ante la evidencia real de la nueva situación. Como contrapartida, la República Española se vio privada, por una parte, de la ayuda que con tanta fidelidad le venía proporcionando el Gobierno y pueblo yugoslavos; y por otra, de la única embajada que había funcionado, sin interrupción, desde que, con toda solemnidad, formaron su Gobierno en 1945. La República en el exilio, antaño reconocida como Gobierno legítimo de España por casi una docena de países, quedaba en marzo de 1977 sin reconocimiento ni siquiera de uno, ya que México rompería relaciones con la República Española.

Pero el presidente del Consejo de Ministros, Fernando Valera, adelantándose a los acontecimientos, en su Mensaje de 4 de marzo de 1977 ya había expresado (con esa serenidad y sentido práctico que siempre le ha caracterizado) cuál era su pensamiento y el de su Gabinete. A saber: "Preservar los derechos de la legitimidad republicana y ejercer las funciones que dentro del ordenamiento constitucional le correspondían, en armonía con las de las restantes Instituciones del Estado, hasta que el único titular de la soberanía, que es el Pueblo Español, se pronunciara de nuevo, mediante un procedimiento electoral libre y sincero, y de manera inequívoca, sea confirmando la legitimidad republicana, sea instituyendo otra en que los diversos poderes públicos emanen igualmente del pueblo".

Un mes más tarde, el 30 de abril, el propio presidente de la República Española, José Maldonado, en unas declaraciones al "International Herald Tribune" volvía a insistir en los mismo, si bien se mostraba algo reticente cara a la limpieza de las anunciadas elecciones del 15 de junio.

Sin embargo, la evidencia se volvió a imponer seis días después del 15 de junio, el Gobierno de la República Española admitía públicamente la validez del voto democrático del pueblo español, y se anunciaba en consecuencia que la República dejaba de existir, una vez que el pueblo español había recuperado su soberanía y elegido a sus legítimos representantes.

El último capítulo de la Historia de la República española, doloroso para quienes tanto habían luchado por ella, se cerró, sin embargo, con dignidad y honor. Ha muerto la II República, pero no los republicanos, cuya ideología sigue siendo enarbolada y defendida por su propio partido político, ARDE [Acción Republicana Democrática Española], cuya legalización había sido rechazada por el II Gobierno de la Monarquía.


DECLARACIÓN DE LA PRESIDENCIA Y DEL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA EN EXILIO

Las Cortes de la República Española restablecieron su funcionamiento en el exilio con el asentimiento de los grupos políticos que las componían, cuyos miembros habían logrado salir del territorio nacional huyendo de la cruenta represión de la dictadura. Tal decisión se adoptó al amparo de preceptos constitucionales votados y ratificados por los españoles en sucesivas y ejemplares consultas electorales en 1931, 1933 y 1936.

Ese es el legítimo origen de los gobiernos de la República que se han venido sucediendo desde entonces, con el esencial designio de devolverle al pueblo el libre ejercicio de los derechos cívicos, propiciando así el establecimiento en nuestro país de un régimen auténtico de convivencia. 

Consecuentes con ese propósito, las Instituciones de la República Española en el exilio realizaron, por todos los medios a su alcance y con diversa fortuna, una acción ininterrumpida que no había de cesar mientras a los españoles no se nos brindara la ocasión de hacer surgir una nueva legalidad democrática.

Hoy se proclama el resultado oficial de las elecciones generales que se han celebrado el día 15 de este mes en nuestro país. Numerosas son las taras de esa consulta electoral, que no ha de pasar a la historia como arquetipo de pureza, tanto por lo que se refiere al contenido de la ley que la ha regulado como por el modo con el que se llevó a cabo la consulta. 

Por lo que toca a la ley, elaborada por los mismos neodemócratas que presidieron los comicios, baste señalar la injusticia que denota la enorme desproporción que existe entre el número de los votos obtenidos por las formaciones que son en rigor democráticas, las de izquierda, y el número de escaños, que, con arreglo a esa Ley, se les atribuyen.

Y, por lo que concierne a las modalidades de la contienda, no podemos dejar de denunciar, en primer término, la incalificable discriminación de la que fueron víctimas algunos partidos, al verse impedidos de participar en ella. Figura entre estos precisamente el que es republicano de manera específica, partido de indiscutible ejecutoria democrática y heredero espiritual y continuador de la obra de aquellos hombres insignes -venerables y venerados- que rigieron los destinos de España durante las dos primeras Repúblicas. Habrá que añadir a este respecto las múltiples coacciones de que han sido víctimas por parte del poder y de sus organismos subalternos las fuerzas de la democracia. 

Todas esas argucias, sin embargo, no han podido impedir el triunfo de las organizaciones progresistas, tanto en el área nacional como en las de las nacionalidades vasca y catalana dentro de sus respectivos territorios, triunfo de las fuerzas más afines, que nosotros celebramos como propio. 

Finalmente, la numerosa participación electoral, claro exponente del elevado civismo de nuestros compatriotas –que es además un categórico mentis para quienes les tuvieron sojuzgados alegando la inexistencia de ese sentimiento- y unido a aquella el general consenso con el que se acepta en el país el resultado de la confrontación, nos mueven, a pesar de sus anomalías, a aceptar ese resultado.

Las Instituciones de la República en el exilio ponen así término a la misión histórica que se habían impuesto. Y quienes las han mantenido hasta hoy, se sienten satisfechos porque tienen la convicción de haber cumplido con su deber.

Ahora parece claro que va a iniciarse una nueva etapa histórica. En ella no hemos de estar ausentes individualmente, dispuestos a seguir defendiendo nuestros ideales, persuadidos además de que el pleno desarrollo político y económico de nuestro país y con ellos la paz y la convivencia entre los españoles solo serán realizables con la República.

José Maldonado - Fernando Valera París, 21 de junio de 1977

Fuente: Tiempo de Historia








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1977: Cuando México rompió relaciones con la República Española

El ex embajador de México en España, Rodolfo Echeverría, alto dirigente del PRI y enlace con la oposición democrática peninsular, cuenta los entresijos de la la ruptura del país azteca con la II República en 1977. 

A principios de 1976, siendo ministro de gobernación Manuel Fraga y de exteriores José María Areilza, Conde de Motrico, llega a Madrid en viaje privado un alto funcionario del Partido Revolucionario Institucional, Rodolfo Echeverría Ruiz. Franco ha muerto hace pocas semanas. Fernando Morán, entonces director para asuntos africanos, logra que el enviado del gobierno mexicano se entreviste en un discreto piso de Madrid con el canciller de turno, José María de Areilza. Tema único: Sondear la predisposición del gobierno español para reabrir la embajada de México en Madrid clausurada desde 1939. El gobierno azteca querìa poner en funcionamiento su representación diplomática para que la oposición democrática tuviera un lugar donde refugiarse “si las cosas salían mal en la transición”. Cosas que cuenta por primera vez quien fuea alto funcionario del todopoderosos PRI mexicano en 1975 y que condujo la misión más delicada de la transición en la esfera internacional, Rodolfo Echeverría Ruiz: las nuevas relaciones entre México y España, canceladas desde 1939, que supondrían el final del apoyo mexicano a la II República en el exilio. 

Dentro del aparato político del PRI, aquel joven, hijo de madre valenciana, exiliada republicana y actriz de teatro como su padre, productor de cine y hermano del presidente Luís Echeverría (1970-1976), se encargaba de las relaciones con el exilio español, un sector discreto pero influyente con nombres importantes en la cultura y la empresa. Por ello, fue aquel miembro del aparato priista quien recibió a un joven Felipe González en 1974 y a los miembros de la Junta Democrática que pocos meses antes de la muerte de Franco fueron a buscar el respaldo del PRI a su proyecto de transición escalonada.

Rodolfo Echeverría Ruiz, el diplomático que negoció el final
de la II República española / Imagen (CC) Oriol Malló
Cuando en diciembre de 1976, el secretario general del PRI. Jesús Reyes Heroles, fue designado Ministro de Gobernación y su colaborador inmediato, Rodolfo Echeverría pasó a ser Subsecretario, el nuevo presidente José López Portillo los hizo llamar: “Ya es el momento de restablecer las relaciones con España” sentenció. Y gracias a las gestiones de Echeverría, Marcelino Oreja y Santiago Roel, los dos ministros de exteriores, se reunieron en París para abrir negociaciones en el hotel Georges V. Pero había un engorroso detalle: “Oye, pero vosotros tenéis relaciones con la República, luego tenéis que romper” dijo Oreja. “Este es un asunto que no depende de mí”, reviró Echeverría, “tengo que hablarlo con el Presidente de México”. Así que en febrero de 1977, en cena privada con el jefe del ejecutivo el joven subsecretario tocó el delicado punto:

-Presidente, para hacer la formalidad de las relaciones con la monarquía española necesitamos romper con la República.

Inquieto y emocional, el Presidente replicó al instante:

-Yo no quiero romper con estos viejitos tan nobles, de veras no quiero ser yo el Presidente que rompa con ellos.

Replicó Reyes Heroles, tajante:

-Señor Presidente, es que hay que romper con ellos. No podemos hacer las relaciones con la monarquía si las tenemos con la república.

-Déjenme hacer un intento -medió Echeverría: Si me autoriza, iré a París a hablar con el presidente Maldonado para pedirle que ahora ellos nos ayuden a nosotros y se disuelvan, así ante su disolución no tendremos con quien romper, simplemente ellos dan a conocer un día en París que el gobierno de la República en el exilio, fundado en Ciudad de México el 17 de agosto de 1945 ha quedado disuelto y después les ofrecemos que vengan a México invitados formalmente por el gobierno, donde les daremos, ya disueltos, un gran homenaje en Palacio Nacional con todos los gobernadores, jefes militares y partidos políticos, el Estado mexicano en pleno, allí intercambiamos condecoraciones y a los dos o tres días anunciamos que México inaugura relaciones con la monarquía.

Y así prosiguió Echeverría:

-Yo me comprometo, señor Presidente, a hablar en Madrid con el gobierno y con todos los líderes de la oposición, con Santiago Carrillo y con Felipe González, para que el día que se convenga Maldonado y los ex ministros que quieran regresen a Madrid procedentes de México en un avión oficial de la fuerza aérea mexicana para que desde el aeropuerto de Barajas los reciban ahí obreros y estudiantes y en olor de afecto y multitudes, el gobierno les de en estos días un registro como partido republicano y ya se reintegren a la vida española. Si está usted de acuerdo, parto para París.

La idea fue aceptada con entusiasmo por López Portillo y el 13 de febrero de 1977 el Subsecretario de Gobernación viajaba a Francia a poner en práctica su misión oficial. En el aeropuerto de Orly lo recibió el ministro delegado para América Central, Francisco Giral, reconocido químico e hijo del primer presidente de la república en el exilio, José Giralt, El escritor Carlos Fuentes, embajador en París, lo recibió con todos los honores pero el lunes en la tarde, 24 horas después de su llegada, Francisco Giral le comunica que el Presidente de la República don José Maldonado no lo recibirá hasta el próximo viernes después de la sesión ordinaria del consejo de ministros. Tras la larga espera, el viernes 18 de febrero Giral vino a buscar a Echeverría a su hotel y lo llevó al restaurante Le Monocle en el barrio latino. Apenas entrando al comedor, a las 11 de la mañana, ”Giral me dice que me espere y que sube un momento porque ya empezó el Consejo de Ministros. Bajó muy al rato, casi un hora, para decirme que ya podía pasar”.

Junto a su colaborador, Víctor Alfonso Maldonado, yerno de un notable político exiliado, el navarro Mariano Ansó, Rodolfo Echeverría entró en aquella improvisada sala de juntas, un amplio reservado, donde sesionaban todos los ministros junto al Presidente Maldonado, un hombre alto, de pelo blanco y ojos azules, quien lo recibió de pie y le presentó uno a uno a los miembros del Ejecutivo. “No deja de ser impresionante, patético pero bello, doloroso también, porqué cada uno de ellos seguía actuando bajo la bandera de la legitimidad”. Tras las presentaciones, el Presidente hizo que Rodolfo Echeverría se sentara a su lado y acto seguido, el enviado presidencial explicó los términos de su propuesta de autodisolución de la II República española.

Tras su discurso, tomaron la palabra varios ministros que luego de un prólogo general sobre la “amorosa relación” entre los pueblos de México y España y el “eterno agradecimiento” del gobierno en el exilio llegaron a la misma conclusión: No podían disolver la República. Resumió José Maldonado: “México tenía pleno derecho de tomar la decisión que quisiera y ellos no tendrían nada qué decir pero que el gobierno mexicano los entendiera, recalcaron todos, a esa edad y después de cuarenta años no se iba a disolver” La propuesta del presidente de México no fue aceptada. Echeverría dejó al menos la “comunicación abierta” y al cabo de unas horas, ya desde el hotel, llamó al Presidente López Portillo. Tras contarle los hechos, éste le dijo: “¿Por qué no los invitas a México?” La invitación presidencial sí fue aceptada por unanimidad.

José Maldonado
López Portillo quería cenar con ellos y así les transmitió Echeverría: “No voy a insistir en el tema pero de una vez les digo que vamos a restablecer las relaciones con España” recalcó el enviado presidencial. José Maldonado le espeteó a Echeverría que “la transición no va a caminar: la derecha, la iglesia y los poderes económicos no van a dejar que llegue una democracia a España y menos, y así dígaselo al presidente, con este rey de opereta”. Resignado, y más bien diplomático, el joven funcionario mexicano replicó suave: “¿Qué quiere que la diga? Para nosotros se cierra un largo ciclo histórico y usted sabe, señor presidente, que incluso Yugoslavia, con Tito a la cabeza, reanudó relaciones con Franco. Hasta las restableció la Unión Soviética y siempre nosotros no pero Franco ya ha muerto y creemos que podemos y debemos dar este paso y le recuerdo que a todos los presidentes de México en cada viaje que hacían por el mundo les preguntaban ¿Y con España qué?” Y fue el Presidente López Mateos quien dijo aquí en París hace quince años la frase que fue nuestra divisa: ‘Con España todo, con Franco nada’ Nosotros cumplimos pero ahora hay un nuevo gobierno y llegó el momento de reemprender relaciones”. Al cabo de un mes, el 17 de marzo de 1977, en un vuelo de Air France, llegaba al aeropuerto Benito Juárez del Distrito Federal el gobierno republicano al completo.

Todo concluyó en una cena casi íntima en Los Pinos, la residencia presidencial, el 18 de marzo de 1977.200 invitados de alto nivel pero sin parafernalia del Estado. Empresarios, políticos y personalidades del exilio se juntaron alrededor de los dos presidentes. Hubo discursos de los dos presidentes que el propio Echeverría tuvo que negociar en la suite del hotel Camino Real donde se hospedaba el gobierno legítimo de España. No se habló de ruptura sino de agradecimiento y “conclusión de un ciclo histórico” pero una breve rueda de prensa ante una muchedumbre de periodistas José Maldonado certificó el final : “El Presidente de México y yo convinimos hoy en cancelar las relaciones diplomáticas que sostenían ambos gobiernos” aunque la república “no puede cesar en la preservación y ejercicio de sus legítimas funciones hasta que el pueblo español manifieste de nuevo su voluntad soberana“.

La entrega de la orden del águila azteca, máxima condecoración del gobierno de México, al Presidente Maldonado concluyó, pues, la larga historia del exilio republicano. Sin comunicados de prensa, la Secretaría de Relaciones Exteriores redactó el documento de ruptura de relaciones que se aplicó en pocos días. Todo había concluido. El 4 de abril de 1977 el exiliado madrileño Manuel Martínez Feduchi, embajador de la República Española en México, entregaba el edificio diplomático al Subsecretario de Relaciones Exteriores, Alfonso de Rosenzweig Díaz, quien al momento lo transfirió a Amaro González de Mesa, encargado provisional de la embajada del Reino de España en México.

Rodolfo Echeverría piensa aún que “todo quedó todo muy desangelado. Nosotros les propusimos que regresaran a España, que allá los recibieran, que allá registraran su partido. Hubiera sido algo bello que en la primera cámara de diputados estuviera Maldonado pero no se pudo. Pese a que Adolfo Suárez me prometió que si volvían se les entregaría el pasaporte en regla y hasta me juró muy enfáticamente que se les daría registro en gobernación. Como luego pasó con Tarradellas cuando volvió a Madrid para negociar el restablecimiento de la Generalitat. No lo quisieron así y meses después, casi de incógnito, disolvieron a la República. Quizás vieron que estaban absolutamente solos pero, lamentablemente, perdieron la oportunidad de concluir con grandeza como ellos lo merecían. Una verdadera lástima”.

El 21 de junio de 1977, tras denunciar las “argucias” y “coacciones“ del gobierno Suárez en los primeros comicios de la transición celebrados seis días antes, las instituciones de la República en el exilio aceptaron la “nueva legalidad democrática” y pusieron término “a la misión histórica que se habían impuesto”. Firmaban el comunicado José Maldonado, presidente de la República, y Fernando Valera, presidente del consejo de ministros. Acción Republicana Democrática Española, ARDE, no obtuvo su registro en gobernación hasta el 5 de agosto de 1977. Suárez sólo dio luz verde al republicanismo una vez disuelta su estructura en el exilio. “Tal y como les dije que pasaría”, recalca Rodolfo Echeverría. Aquel amigo de la oposición terminó de embajador mexicano en Madrid entre 1994 a 1999, España es ahora reina y madrastra de las Américas y aquel rey de opereta sigue siendo…el rey.

Oriol Malló


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El exlehendakari Patxi López aboga por la continuidad de la monarquía.

El exlehendakari Patxi López aún declarándose republicano, aboga por la continuidad de la monarquía, así se desprende de una interesante entrevista que viene publicada en el eldiario.es 

Desde Eco Republicano recogemos dos de las preguntas más interesantes:

PREGUNTA: ¿Está agotada la monarquía? ¿Sirve para algo la Casa Real?

Patxi López
PATXI LÓPEZ: La monarquía parlamentaria en España nos ha permitido desarrollar los principios republicanos. Lo que me importa de la República son sus principios: libertad, igualdad y en este caso, solidaridad. Ahora bien, visto lo que ha pasado, la monarquía forma parte del mismo paquete de instituciones públicas y tiene que estar sometida a los mismos controles y niveles de transparencia que el resto. No puede haber nada opaco ni en la monarquía ni en nada que funcione con los recursos de todos.

PREGUNTA: Si un ciudadano le pregunta para qué le sirve la monarquía, ¿qué le diría?

PATXI LÓPEZ: ¿Y de qué le sirve montar un conflicto entre monarquía y república en este momento? Hay debates accesorios que no deberíamos convertir en fundamentales. Yo soy republicano, pero me parece que hay cosas más importantes que atender.

Para ver la entrevista completa de eldiario.es , pulsar aquí.

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¿Vuelve Aznar? ¡Ojo, que viene, que viene..!

Enric Sopena
José María Aznar se presentó ante la ciudadanía, anoche -a través de Antena 3- como el líder que España necesita con urgencia. Ninguneó a Rajoy hasta la humillación implícita. No pronunció palabra alguna de elogio a su antiguo delfín que él precisamente convirtió en sucesor. No pudo ser más claro en su discurso de firmeza nacional que tanto le gusta.

Falso de toda falsedad
Antes que nada absolvió a todos los dirigentes de su partido envueltos en la trama Gürtel y se absolvió el mismo ante las acusaciones que circulan en casi todos los medios de comunicación con datos objetivos y que le atañen directamente. Todo lo que está sucediendo es, según él, falso de toda falsedad, incluido lo relativo a la boda de su hija y Alejandro Agag.

Estricta pureza
Aznar defendió su estricta pureza frente a la corrupción. Arremetió brutalmente con el Grupo Prisa, del que dijo que estaba en quiebra. Subrayó que le rechazaban los periodistas y los altos jefes con un gran “odio”. Pero no olvidemos que Aznar nada más llegar a la Moncloa se dedicó a bombardear al Grupo citado.

Sus orígenes de falangista
El primer objetivo consistía que fueran a la cárcel el ya fallecido Polanco y Juan Luis Cebrián para luego de este modo liquidar a Prisa. No consiguió su intento de amordazar El País y la SER. Una vez más, Aznar en el ámbito mediático ha vuelto a sus orígenes de falangista. No traga ni ha tragado nunca a la prensa progresista.

La línea roja
Sin embargo, lo más relevante de anoche es su exhibición de hombre fuerte que debería salvar España en unos momentos tan delicados como los actuales. Evocó como ejemplares sus mandatos presidenciales y pregonó una serie de propuestas e iniciativas, no coincidentes, por cierto, con la política de Rajoy. ¿Estamos a punto de que Aznar traspase la línea roja y regrese a la política como presidente popular?

El primer mitin, anoche
El primer mitin lo hizo en Antena 3. Le salió al expresidente formalmente bien y con ganas de rehabilitarse. ¡Ojo, que va en serio! El grupo de Pedro Jota, Esperanza Aguirre, Losantos y otros muchos compañeros de partido y de fuera de él calientan motores. ¿Se acerca de nuevo Aznar? ¡Ojo, ojo, cuidado que viene, sí, que viene!

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM


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¿Qué modelo de Estado debe adoptar la República?

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